Un amigo en Facebook comenta las fotos de una actriz “cazada” por la revista Cuore en una playa nudista en actitud cariñosa con su pareja. “No sabía que Elena Anaya era lesbiana”, nos cuenta. Los comentarios sobre las fotos de la actriz se suceden, durante varias horas, en el muro de mi amigo. Lo mismo ocurre en los de muchas otras personas. Así que es casi obligado buscar “Elena Anaya” en Google: los que sabíamos que es la protagonista de la última de Almodóvar para ver en qué consiste tanto revuelo y los que no, para ver quién es esa actriz de la que todo el mundo habla. En tres segundos obtenemos toda información, incluída la fecha de estreno de la película que protagoniza, La piel que habito, que casualmente es el próximo viernes.
Hay quién pensará como Óscar Wilde, que hablen de uno es espantoso pero que no hablen es peor. Otros, defensores del derecho a la intimidad, considerarán una aberración. Los más sensatos harán caso omiso a esta banalidad, preocupados por la que está cayendo. En cualquier caso, lo que es indiscutible es que las redes sociales multiplican de forma exponencial la repercursión de cualquier tema que surja a la luz pública en los medios offline.
agosto 26, 2011
Buscando a Elena
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